PAULSYSTEMS COMICSPROTOTIPO · EDICIÓN CÓMIC

HISTORIETA DE TERROR · MADRID

El cocido
madrileño

Una familia, una carnicería y una mañana que parece normal.

PROTOTIPO DE CÓMIC · Versión de lectura vertical. Arte y edición en desarrollo.

PRÓLOGO · VIÑETA 0

La carnicería de su padre

Carnicería tradicional de pueblo, tienda del padre de la protagonista.
Antes de la salida de clase, una tienda familiar en el barrio.
EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 01

La salida

Página de seis viñetas: salida de la universidad y encuentro con Miguel.Ampliar plancha
Seis viñetas · Página 1 de 18
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Cuando salió de la universidad, Miguel la esperaba frente a la verja. Ella lo vio entre los estudiantes y bajó los últimos escalones sonriendo. Se tomaron de la mano antes de empezar a caminar.

—Pensaba que hoy no vendrías.

—Te dije que te esperaría.

Ella era adulta y podía decidir dónde ir. Sin embargo, al alejarse de la facultad consultó el teléfono. Su padre aún no había llamado. Aquello la tranquilizó menos de lo que esperaba.

Caminaron hacia su barrio de Madrid. Miguel esperó a que quedara atrás el ruido de la salida.

—Tenemos que hablar con él. No podemos seguir escondiéndonos.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 02

El callejón

Ilustración de la escena «El callejón». El texto completo de la escena figura a continuación.Ampliar plancha
Seis viñetas · Página 2 de 18
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Ella lo llevó hasta un callejón apartado y se detuvo bajo un portal en sombra. Miguel le acarició la cara. Se besaron largamente, abrazados, mientras los pasos de la calle principal iban y venían sin detenerse.

Durante unos minutos, ella dejó de mirar la hora. Cuando volvieron a separarse, apoyó la frente contra la de él.

—Ven a vivir conmigo —dijo Miguel—. Quiero que tengamos una vida juntos.

—Yo también quiero. Solo necesito encontrar el momento de decírselo.

Él le tomó las manos.

—Si quieres, se lo contamos los dos.

Al volver a la calle, ella se acomodó la blusa. Siguieron caminando juntos.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 03

El testigo

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Seis viñetas · Página 3 de 18
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Poco antes, su padre había ido a buscarla antes de la hora habitual. La vio salir de la mano de Miguel y los siguió a distancia.

Desde la muerte de su esposa, preguntaba cada vez más: a qué hora terminaban las clases, con quién salía su hija, por qué tardaba en contestar. Ella había aprendido a medir sus respuestas.

El carnicero observó cómo la pareja se alejaba del callejón. Se quedó junto a un vehículo estacionado hasta que los perdió de vista.

Después tomó una calle paralela y regresó a casa.

Los esperó detrás de la puerta. Cuando los vio detenerse a una calle de distancia para despedirse, no salió inmediatamente. Dejó que se acercaran.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 04

La invitación

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Seis viñetas · Página 4 de 18
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Miguel acababa de besarla cuando se abrió la puerta de la casa.

—Pasad —dijo el padre—. No os quedéis ahí.

Ella soltó la mano de su novio.

—Papá, este es Miguel.

—Buenas tardes, señor.

El carnicero lo miró unos segundos antes de apartarse del umbral. Sonreía, pero no le tendió la mano.

Ella entró primero. Miguel la siguió, interpretando la invitación como una oportunidad. Quizá pudieran hablar aquella misma tarde.

El padre cerró la puerta con cuidado.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 05

La limonada

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Seis viñetas · Página 5 de 18
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Les sirvió limonada en la cocina. Ella sostuvo el vaso con ambas manos; Miguel dio las gracias.

El carnicero permaneció de pie.

—¿Os conocéis de clase?

Miguel respondió. Ella apenas escuchó la explicación: estaba pendiente del rostro de su padre, buscando alguna señal de enfado.

—Sube a cambiarte, hija —dijo él finalmente.

—Pero…

—El muchacho puede esperar un momento.

Ella miró a Miguel.

—Ahora vuelvo. Espérame aquí.

Él asintió y volvió a sonreír. Su vaso quedó casi lleno sobre la mesa.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 06

Una mano

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Seis viñetas · Página 6 de 18
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El padre esperó a que su hija comenzara a subir la escalera.

—Mientras tanto, ¿me echas una mano? Tengo que cargar una media res congelada en el camión.

—Claro.

Miguel se levantó y lo siguió hasta la puerta que comunicaba la cocina con el garaje. El camión frigorífico ocupaba buena parte del espacio. Su cámara de carga estaba abierta. En los laterales colgaban varias medias reses congeladas, suspendidas de los raíles del techo.

El zumbido del sistema de refrigeración se hizo más fuerte al cruzar el umbral.

—Tú tira desde dentro. Yo empujo.

Miguel se acercó a la parte trasera del vehículo sin advertir que el padre había dejado de sonreír.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 07

Las palabras

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Seis viñetas · Página 7 de 18
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Arriba, ella abrió el armario y sacó una prenda limpia. La dejó sobre la cama. Todavía llevaba la blusa con la que había salido de clase.

Se sentó un instante.

—Papá, Miguel y yo hemos estado hablando…

Negó con la cabeza. Demasiado tímido.

—Me voy a vivir con Miguel.

Eso era lo que quería decir. También era lo que más miedo le daba decir.

Desde abajo llegó un roce pesado, seguido de un golpe. Pensó que estaban trabajando en el garaje.

Guardó el móvil en la mano y se levantó. Decidió bajar antes de cambiarse: no quería que Miguel tuviera que hablar a solas con él.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 08

La carga

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Seis viñetas · Página 8 de 18
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Miguel se subió a la cámara del camión y tiró de la media res congelada mientras el carnicero empujaba desde fuera. El peso lo obligó a afirmarse con los dos pies.

—Un poco más —dijo el hombre.

Consiguieron introducirla. Miguel soltó el aire y se frotó las manos, entumecidas por el frío.

El carnicero subió tras él.

—Ayúdame a levantarla.

Miguel alzó los brazos para colaborar. El hombre aprovechó su postura para inmovilizarlo contra la estructura de carga.

—¡Eh! ¿Qué hace?

El padre comprobó que el joven no pudiera soltarse. Después se encaminó hacia las puertas.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 09

La puerta

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Seis viñetas · Página 9 de 18
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El carnicero cerró la cámara y regresó junto a Miguel. Bajo la luz blanca, su expresión parecía distinta de la que había mostrado en la cocina.

—¿Pensabas llevarte lo único que me queda?

—No sé de qué me habla. Suélteme.

—Mi hija.

—Ella decide. Solo queremos estar juntos.

El hombre lo golpeó. Miguel gritó y trató de liberarse.

—Está loco. ¡Auxilio!

El padre escuchó un momento, como si esperara una respuesta desde fuera. Solo se oía la refrigeración.

—Nadie va a escucharte aquí dentro.

La puerta permaneció cerrada. Arriba, la casa siguió en silencio.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 10

La llamada

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Seis viñetas · Página 10 de 18
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Cuando ella bajó, encontró la cocina vacía.

—¿Miguel?

Los vasos seguían sobre la mesa. Se asomó al salón y al recibidor antes de sacar el teléfono.

Lo llamó.

Dentro del camión, el móvil empezó a sonar en el bolsillo de Miguel. El joven levantó la cabeza. Su camisa estaba manchada y le costaba respirar.

El carnicero localizó el aparato y miró la pantalla.

La llamada terminó.

Volvió a empezar.

—¡Papá! —gritó ella desde la cocina—. ¿Dónde estás?

El padre miró hacia las puertas del camión.

—Ahora vuelvo —le dijo a Miguel.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 11

La mentira

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Seis viñetas · Página 11 de 18
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El carnicero salió del garaje y cerró la puerta a su espalda. Se secaba las manos con un paño.

—¿Por qué gritas, cariño?

—¿Dónde está Miguel? No me coge el teléfono.

—Se ha marchado. Lo llamó su madre. Tenía una urgencia.

Ella lo miró sin comprender.

—¿Su madre?

—Eso ha dicho.

—Su madre murió hace años.

El paño dejó de moverse.

—Miguel vive solo —añadió ella—. Por eso hemos hablado de irnos a vivir juntos.

El silencio del padre la hizo retroceder un paso.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 12

La casa

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Seis viñetas · Página 12 de 18
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La bofetada la hizo caer contra una silla. Se llevó la mano a la mejilla y miró a su padre.

—¿Qué haces?

—¡Las hormonas no te dejan ver lo que quiere ese muchacho!

Ella intentó incorporarse.

—¿Dónde está?

—A tu habitación.

—¡Dime dónde está Miguel!

El padre se acercó. Ella se sostuvo en la mesa para no volver a caer.

—Por eso acabarás solo. Mamá tampoco soportaba tus golpes.

La frase lo detuvo.

—No hables de tu madre.

Se volvió hacia el garaje. Ella esperó unos segundos y fue tras él. Ya no intentaba convencerlo de nada.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 13

La cámara

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Seis viñetas · Página 13 de 18
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La puerta trasera del camión había quedado entreabierta.

Ella vio primero a su padre. Después, por encima de su hombro, reconoció a Miguel.

Estaba cautivo y herido. Al verla, trató de levantar la cabeza.

—¡Miguel!

El carnicero se volvió.

—No deberías haber entrado.

Ella intentó pasar junto a él para alcanzar a su novio. Su padre la golpeó y cayó contra el borde de la entrada.

Durante unos instantes dejó de oír.

Cuando abrió los ojos seguía en el suelo, junto al escalón. Dentro de la cámara, Miguel aún se movía.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 14

El último movimiento

Ilustración de la escena «El último movimiento». El texto completo de la escena figura a continuación.Ampliar plancha
Seis viñetas · Página 14 de 18
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Ella intentó levantarse. Un dolor agudo le recorrió la cara y tuvo que apoyarse en las manos.

—Por favor, papá. Déjalo.

Miguel volvió los ojos hacia ella. Sus labios se movieron, pero no pudo entenderlo.

El carnicero se inclinó junto al joven.

—Del cerdo no se desperdicia nada —susurró.

Ella vio el cuchillo antes de que el cuerpo de su padre le ocultara la escena.

Trató de alcanzar el escalón. No llegó.

Por encima del hombro del hombre vio cómo Miguel se contraía. Después quedó inmóvil.

Ella siguió esperando un movimiento.

Uno solo.

Cuando su padre se apartó, comprendió que había muerto. La luz de la cámara se desdibujó y volvió a perder el conocimiento.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 15

La mañana

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Seis viñetas · Página 15 de 18
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Despertó en su cama.

La persiana dejaba pasar una franja de luz. Llevaba un camisón limpio. Alguien la había aseado y peinado; su ropa estaba recogida.

Se incorporó con dificultad. Al tocarse la mejilla, el dolor le devolvió un recuerdo del garaje.

Durante unos segundos intentó convencerse de que había sido una pesadilla.

Buscó el móvil. Estaba junto a la cama.

Llamó a Miguel.

El teléfono estaba apagado.

Volvió a llamar antes de levantarse.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 16

El vacío

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Seis viñetas · Página 16 de 18
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La casa estaba en orden. En la cocina no quedaban vasos sobre la mesa ni señales de la discusión.

Ella atravesó el pasillo y abrió el garaje.

El camión no estaba.

La cámara tampoco: se había marchado con el vehículo. En el suelo vacío se distinguían las marcas de las ruedas.

Se quedó en el umbral, recordando dónde había caído.

Miró el teléfono. Ninguna respuesta.

Subió a vestirse. Después salió hacia la carnicería de su padre, situada a unas calles de la casa.

Caminó deprisa. Al llegar, oyó su voz desde la puerta.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 17

La chaqueta

Ilustración de la escena «La chaqueta». El texto completo de la escena figura a continuación.Ampliar plancha
Seis viñetas · Página 17 de 18
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Su padre atendía a una clienta. Llevaba el delantal limpio y hablaba con la naturalidad de cualquier mañana.

Ella avanzó hasta la entrada.

Detrás del mostrador, junto al acceso al obrador, colgaba una chaqueta oliva.

La reconoció.

Había caminado junto a aquella chaqueta la tarde anterior. La había sujetado al abrazar a Miguel.

El padre levantó los ojos al sonar la campanilla. Siguió la dirección de su mirada y luego volvió a la clienta.

La joven no pudo pronunciar su nombre.

Él continuó pesando el pedido.

EL COCIDO MADRILEÑO · PÁGINA 18

El cocido madrileño

Ilustración de la escena «El cocido madrileño». El texto completo de la escena figura a continuación.Ampliar plancha
Seis viñetas · Página 18 de 18
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—Un kilo de morcillo —pidió la mujer—. Haré un cocido madrileño.

El carnicero retiró la pieza de la balanza y la envolvió cuidadosamente.

—Hoy le van a salir estupendos.

—Eso espero. La última vez me quedó un poco dura.

Él soltó una pequeña risa.

—Esta no, señora.

La joven permanecía junto a la puerta. Miraba las manos de su padre mientras él doblaba el papel.

Las mismas manos.

El hombre deslizó el paquete por el mostrador.

—No encontrará carne más fresca en todo Madrid.

Alzó los ojos hacia su hija.

—La hemos preparado esta misma noche.

La campanilla volvió a sonar cuando salió la clienta. Ella se quedó dentro.